“Princesas”, de Fernando León de Aranoa. Historia de dos putas tristes.

Fernando León de Aranoa filmó en 2005 “Princesas”, una película sobre la relación de dos prostitutas madrileñas. No era su primera vez relatando una historia relacionada con alguno de los actores sociales que generan incomodidad para ese sector hipócrita, pacato y mayoritario de la sociedad. Sólo tres años antes, en 2002, había filmado otra interesante cinta sobre la reconversión industrial española y los efectos sobre el proletariado -léase altos índices de desocupación-. Se trata de “Los lunes al sol”, protagonizada por Javier Bardem y Luis Tosar, dos grandes actores españoles, a pesar de que el primero comience a causar ese ambiguo sentimiento de que lo bueno pierde automáticamente su principal propiedad -justamente ser bueno-, cuando se convierte en masivo.

Tanto “Princesas” como “Los lunes al sol”, tratan sobre los sectores más vulnerables de una comunidad, en Latinoamérica como en España, como en cualquier parte del mundo. Y a pesar de que las críticas de especialistas españoles no han sido del todo buenas, el último trabajo de León de Aranoa es recomendable.

La cinta no trata solamente sobre prostitución, no es una película sobre prostitutas, sino una sobre amistad, sobre las relaciones familiares, y también sobre la xenofobia. Caye es la puta española interpretada por Candela Peña, a quien se la vio anteriormente en películas como “Todo sobre mi madre” y en “Te doy mis ojos”, un inmenso trabajo que tiene como protagonista -si, otra vez- a Luis Tosar. Su amiga se llama Zulema, también ejerce el oficio más antiguo del mundo, es dominicana, es residente ilegal, y está juntando dinero para poder llevarse a su hijo, quien quedó en su tierra natal, a vivir con ella.

Alrededor de ese eje, que es la relación de estas dos mujeres, giran los demás temas, principalmente el de la discriminación y la crítica a las políticas de inmigración de la península ibérica.

Concluyendo, hay varios puntos para destacar del trabajo, comenzando por las actuaciones, la banda de sonido (un impecable Manu Chao), y una escena en particular que es prácticamente inolvidable, y no por la polémica toma de la fellatio.

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